Imagen

Lo nuevo de Sáez Riquelme en la BiPA

26 Sep

SeCToRNo

24 Sep

sectorno

SeCToRNo–> Sensación: Crisis, Todo Re Normal

No hay futuro. Sex Pistols para capitalistas

El Gobierno se queja de que los empresarios no invierten. Pero los empresarios, si no tienen fe en el futuro, ¿cómo van a invertir? En Argentina no se puede planear nada. Las condiciones son tan cambiantes, normalmente a peor, que sólo se trabaja a corto plazo. Estamos pegados a un presente que no avanza al futuro, sólo se repite, degradándose cada con cada repetición. “Hotel California”, de los Eagles, pero rayada, una melodía pegajosa, melindrosa, que se repite rota: Welcome to the Hote/Welcome to the Hote/Welcome to the Hote/.

Toda la sociedad (clase media, clase obrera, artistas, capitalistas) unida por una vez en una sola sensación, el SeCToRNo: estamos atrapados en un presente pelotudo, repetitivo, sin fin, sin salida, excepto quizás, a peor.

Imagen

La bandera

21 Sep

Imagen

Acción BiPA N°1

6 Sep

La Biblioteca Popular Ambulante presenta una lectura experimental (casi siempre en voz alta) de algunos de sus libros más ilegibles, además de algunas teorías (no siempre alternativas) sobre la poesía conceptual (si bien toda poema que sea poesía es conceptual, y lo ha sido siempre).

Es en la Casa del Bicentenario (Riobamba 985), el jueves 8 de septiembre, a las 19 horas.

 

Imagen

Anti-BiPA

4 Sep

Imagen

6 poetas en la BiPA

1 Sep

6poetas

El libro de los espejos involuntarios

25 Ago

Espejos

Como no tengo historia—Historia—, o la que tengo no me pertenece, o es una de expulsiones y líneas de fuga, no pertenezco a ningún lado. Tengo dos pasaportes, vivo indocumentado en un tercer país. Soy y no soy lo que llaman un sinpapeles. No se me ocurre una manera mejor de marcarme como poeta.

Mi lugar siempre ha sido un afuera, a veces más lejano, a veces menos. O una línea de frontera, un límite cuyas fisuras siempre hay que explorar. Crecí en México. A los 8 años nada me fascinaba más que su historia: las pirámides, los templos prehispánicos, las iglesias, los palacios de la época colonial. Me asombraba la antigüedad, la belleza. En la frontera, en el desierto, eso no existía. Me llevó años aprehender la belleza del desierto; y muchos más aprender a aprehender la belleza de lo que carece de valor. Y todavía más, a no soltarla, agarrarme a ella como a una última botella de agua dulce en medio del mar, otro desierto.

A los 12, mis padres me enviaron a estudiar al otro lado de la frontera; mi vida recomenzó en inglés. Vivía de un lado y estudiaba del otro, cruzaba todos los días, de ida y de vuelta. Vivía a caballo de la frontera, de la línea divisoria de dos lenguas y dos culturas, y en casa tenía, además, el catalán, y otra conciencia de lugar, o la consciencia de otro lugar, uno en el que no estábamos, un afuera que a la vez era nuestro interior: lejano, casi secreto. O no secreto, sino guardado en cajones, en fotografías, en lo que se contaba en casa, en lo que se hablaba y no se podía repetir afuera. Nuestro interior estaba lejos y lo llevábamos adentro, siempre con nosotros, al cruzar la frontera, el límite entre una cultura y otra, reforzado con vallas, barreras, armas y preguntas. Esa es mi definición de nómada.

La frontera es un espejo para cada lado, un espejo que permite ver a través de él, y que al mismo tiempo refleja a quien mira. Otro espejo a través del cual miro es la historia de la lengua de mi escritura. A los 20 años, un amigo me preguntó por qué no dejaba de escribir en español y lo hacía en inglés. El mercado para la literatura en inglés era mayor y mejor; lo sigue siendo. El español, en su forma escrita, se había convertido para mí en una lengua extranjera. De manera instintiva la elegí. A los 25 todavía escribía en inglés y catalán. A los 28 empecé a vivir en Galicia, y a hacer teatro en gallego. A los 33 me mudé a Valencia, hice teatro en valenciano, recuperé algo de la vida cotidiana en catalán. Si Catalunya era un lugar, quizá el nuestro, nunca volví a él para vivir. Siempre viví en lugares periféricos, donde se hablaba español, pero no el de ningún centro. Se hablaba con acento: de Chihuahua o de Texas, de Galicia, de Valencia, de Argentina. Vivo en Buenos Aires porque es un centro alejado del Centro, y el acento del español que se habla ahí no es el mío. Ya no sé cuál es mi acento; se me han mezclado todos. Soy un extranjero en mi propia lengua.

No tengo Historia como tampoco tengo Libro. Tengo muchos libros, muchas historias, muchos acentos.