Claustrofobia

31 Ago

De la Nisuléter #22

Soy claustrofóbico. A todos los niveles, macro y micro. En los 10 años que hace que vivo en Buenos Aires—sin una sola vez haber viajado al exterior del país—rara vez me he sentido encerrado. Creo que el último ataque serio me dio en 2012. Por suerte, el ascensor en mi edificio es de rejas, de esos antiguos, aunque con el mecanismo bien mantenido.

LETRA-02

De El libro de la buena y/o mala letra de los otros encontrada en la calle

El otro día, sin embargo, me dio un pequeño ataque de claustrofobia; nada serio, duró sólo unos minutos, y logré disipar el pánico con relativa facilidad. Estaba leyendo unos    poemas de August Kleinzahler, uno acerca de una tormenta de arena en Pekín, cuando de repente sentí una especie de urgencia por comunicarme con el exterior. No con nadie en particular, claro—para eso tenemos todos esos servicios gratuitos online—sino con una situación. Parece absurdo pero me sentía atrapado en un ayer sin salida hacia un hoy o un mañana: la urgencia que me entró de manera tan súbita era por saber que está pasando en el arte, hoy, hoy, hoy. O qué podría estar pasando mañana.

Lo de ayer ya lo sabemos: para eso están las instituciones, las galerías, los museos, las ferias, los libros, las revistas y hasta internet. La gente viaja y te trae el catálogo de la Documenta—ayer, eso es puro ayer. Si lo están mostrando las instituciones, es que ya está digerido. ¿Con qué frecuencia nos hace falta recordar lo que cenamos en casa, viendo Juego de tronos, un lunes del mes pasado?

En mi urgencia claustrofóbica, necesitaba saber que está pasando hoy, qué es lo que se está pensando y haciendo que todavía no hayamos ingerido, masticado y estemos en proceso de digerir—ya conocen el resto del proceso. Para eso no se puede hacer turismo, hay que afincarse un tiempo, quedarse quieto y observar, ponerse al acecho. Hay que entrar en conocimiento de la gente, conversar con ellos, ganarse su confianza hasta que muestren su trabajo—lo que no haya sido ya absorbido por el sistema, lo que esté inventando alguna versión de hoy, o con mucha suerte, de mañana.

Por fortuna, el ataque de encierro se me pasó pronto. Lo controlé con la destreza que llevo años ensayando, casi siempre en silencio. Ahora, de nuevo, puedo quedarme tranquilo en este ayer artístico que con tanta comodidad habitamos en Buenos Aires.

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