Archivo | Sin categoría RSS feed for this section

Antes el paisaje

5 Jul

AeP-021997 fue un año difícil para mí. Nos habíamos mudado de Coruña a Valencia, una ciudad donde no conocía a nadie, no tenía trabajo, no me encontraba. Bajo el brazo llevaba un poema en el que hacía meses que estaba trabajando. Vivíamos en un departamento en la Plaza del Negrito, zona de copas en el casco antiguo, y muchas noches no podíamos dejar las ventanas abiertas, por el ruido; nos moríamos de calor. Tengo la imagen de la mesa de trabajo que compartíamos, los alteros de archivos y papeles, libros. Y ahí me sentaba por las tardes y seguía con ese poema, Antes el paisaje.
Lo di por terminado en septiembre. Nunca lo publiqué, nunca dejé de sentirlo demasiado cercano.
Empecé a conocer gente en la ciudad, a hacer algunos trabajos. Un día, le pasé una copia del poema a Pep Izquierdo. Otro día me dijo que ese poema había restaurado su fe en la poesía escrita en español. Cierto pudor me llevó a no publicarlo, creo que yo mismo había perdido la fe en la poesía, sobre todo en la que se escribe en español. Seguí escribiendo otras cosas, pero de otra manera, y trabajando en otras cosas: volví al teatro. En 1999 hice un libro de poemas con fotos de Fernando Villavert, quizá el libro más bonito que he hecho. Antes el paisaje quedó guardado.
Hace unos años lo volví a leer y me destrozó. Decidí, de nuevo, no publicarlo, pero lo colgué en el blog Paseante Extranjero, donde sigue estando y ustedes lo pueden leer gratis. Sin embargo, ahora que se cumplen 20 años de Antes el paisaje, he decidido publicarlo. Es una edición de la Biblioteca Popular Ambulante, claro. A lo mejor a alguno de ustedes le interesa. Si me vienen siguiendo, verán que es completamente distinto a lo que escribo ahora. Veinte años es un trecho a recorrer. Pero creo que el poema tiene fuerza. Un día debería convencer a Felipe Sáez Riquelme para que me ayude a hacer una versión para el escenario. Es posible que ese poema sea más relevante hoy que cuando lo escribí.
En cualquier caso, si a alguien le interesa esta edición, que tras veinte años me parece que estoy obligado a hacer, no duden en decírmelo. El precio será de 100 pesos. Cada ejemplar, de los poquísimos que voy a sacar, irá numerado y firmado, como suele ocurrir con los libros de la BiPA. Puedo dedicarlo también, aunque no soy muy aficionado a esas cosas.
(Al releer esto que acabo de escribir, me doy cuenta de que sigo reticente. Sigue habiendo algo en mí que no quiere publicar este poema. Pero creo que se lo debo… al poema.)

Ilusión

27 Jun

Siempre estoy aprendiendo a leer

Ilusionfoto2No creo en que haya que editar a una poeta porque es mujer. Creo en que hay que editar poemas potentes. ¿Las mujeres escriben distinto? Si es así, tengo que aprender a leer esas diferencias, para poder salir de mí mismo y encontrarme con su potencia. Esa era, dicha de manera muy rápida, mi postura. Aunque vale para cualquier poeta. Hay que leer y encontrar la manera de entrar en esos poemas.

Es lo que me pasó cuando me puse a editar Ilusión, el libro de Tamara Domenech que la BiPA sacó hace unos meses. Al principio no entendía nada. Lo volví a leer. De repente, uno de los poemas hizo ¡click!; luego leí el siguiente, y el siguiente, y el siguiente, ¡y ya estaba adentro de ese mundo! Hacía años que no me pasaba esto. Dejé pasar unos días y volví a leer el poemario, como para comprobar que lo que me había pasado antes no era accidental, y sí, me encontré de nuevo circulando entre las fuerzas de ese mundo poético de Tamara. Esa tercera lectura me confirmó la obligación que tenía de editar el libro.

Pero lo que más agradezco a Tamara, a sus poemas, es que me hayan enseñado a leer de nuevo. Y yo diría que ese es el trabajo de toda verdadera poesía: enseñar a leer de otra manera. Ahora mi postura ha cambiado ligeramente: no sólo trato de averiguar como entrar en un poema, sino que ahora le pido que me enseñe a leer de nuevo. Esto me exige a mí como lector, y claro, le exige a los poemas. Me exige como editor, y también como poeta.

Tengo la impresión de que estas exigencias le parecen insoportables a mucha gente. Como si hubiera que leer a la persona y no los poemas. Como si hubiera que ser cuidadosos con la persona. Pero es al revés: hay que ser cuidadosos con los poemas, aprender a leerlos. Y si después de un esfuerzo serio sentimos que no funcionan, decirlo y pasar a otra cosa.

Siempre hablo del funcionamiento de un poema. Es una forma de despersonalizarlo, separarlo de la persona que lo escribió, y es el mecanismo psicológico que utilizo para leer poemas. Para aprender a leerlos, porque de eso se trata: averiguar cómo funcionan. Hablar de funcionamiento hace pensar en máquinas. No pienso que un poema sea una máquina, pero sí que se inserta dentro un sistema impersonal, que es el del lenguaje.

El lenguaje no es de nadie, y es de todos, y lo creamos entre todos, nanométricamente día a día. Tiene sus reglas, y esas reglas han sido acordadas sin que ninguno de nosotros haya participado en el acuerdo, y nos movemos por y entre ellas cada vez que hablamos o pensamos o escribimos. ¿Cómo se enchufa un poema en ese sistema? ¿A qué otros sistemas se conecta? Y luego, ¿cómo me afectan a mí esas condiciones, consciente o inconscientemente? ¿Qué sensaciones me producen? ¿Hacia qué relación con los varios sistemas me llevan?

¡Y todo esto no tiene nada que ver con mi amiga Tamara! Evidentemente, me alegro de que su poesía sea potente, porque quiero que a mis amigos les salgan bien las cosas, y quiero que los poemas que mis amigos escriben funcionen. Pero a la hora de estar con un poema, me da igual si tengo amistad o no con quien lo haya escrito. El poema funciona o no funciona. Y mi trabajo como lector es averiguar las reglas de ese funcionamiento. Luego, si el poema no cumple con sus propias reglas, bueno, ahí tenemos un problema. Hay que averiguar si ese incumplimiento es productivo o no. Porque a lo mejor el poema marca una ruta y luego va por otro camino. Y así sucesivamente, hasta que ya haya hecho todas las lecturas posibles, o posibles para mí en ese momento.

Sé que esto es mucho pedir. Sé que estamos acostumbrados a la facilidad instantánea. Sé que la poesía no encaja demasiado bien en una cultura de consumo inmediato. Ese consumo es igualador, aunque no egalitario, mientras que la poesía es egalitaria pero no igualadora: funciona a contrapelo de lo que hemos construido como sociedad y esquema relacional. Egalitario significa que cualquiera puede leer un poema, si quiere hacer el esfuerzo, o tomarse la molestia, pero cada uno encontrará maneras distintas de leerlo—de entrar en él y de entenderlo.

Y en este sentido, creo que leer poesía es una forma de resistencia. Yo diría que es una forma de resistencia interior. Vuelvo a poner el ejemplo de mi lectura de los poemas de Tamara. Para poderlos leer, tuve que superar mis prejuicios, mi sexismo, y no sé cuantas cosas más. Tuve que cambiar algo en mí. Y lo cambié leyendo esos poemas, o porque estaba leyendo esos poemas. Y lo sé por ese ¡click! Ahí hubo un cambio, sea neuronal o espiritual o moral o estético, y de repente, mi mundo se amplió, mi perspectiva se amplió. Ese fue mi premio por el esfuerzo que hice.

Y el segundo premio fue que Tamara me permitiera editar esa colección de poemas, que ahora es un libro de la BiPA titulado Ilusión, que me gustaría que ustedes leyeran también.

HASTALUEGO

4 Jun

Les habla, o escribe, Roger Colom. Lo que sigue es el prólogo que incluí en esta (única y supercorta) edición de HASTALUEGO,  un libro de poemas encontrados en la calle, de Pablo Ramborger, cuya muestra de pintura, dibujo, collage y algunas obras conceptuales se inauguró en La Plata el 1 de junio pasado. La curaduría es mía.

hastaluego2

El poema de frases encontradas tiene ya una larga historia, y rara vez deja de sorprender. Hace décadas que los poetas descubrimos la calle e incluimos frases oídas en la vía y la vida pública en nuestros poemas. Es porque, caminando en dirección contraria al mito de la originalidad, hemos cobrado consciencia de que las palabras no son nuestras, no somos sus propietarios ni podemos privatizarlas. Ud. puede usar mi verso para lo que quiera, cuando quiera, de la misma manera en que yo haré uso de su frase para hacer un verso, un poema entero.

La gracia no se encuentra tanto en qué palabras elegimos, sino en cómo las usamos, donde las colocamos para conseguir una cierta eficacia en el efecto, y el afecto, que buscamos. Si las palabras forman parte de nuestra naturaleza social, los poemas son puro artificio en imitación de esa naturaleza. El movimiento (¿lateral?) hacia lo literal crea una tensión entre naturaleza y artificio que a su vez produce la sensación de estar ante un poema. Luego, con suerte, ese poema llegará a ser poesía, aunque eso depende más de quien lee—y del futuro—que del poeta.

Hay poetas que abren puertas; los hay que las cierran. John Ashbery ha dicho que no importa lo que se diga, mientras suene a poesía. En otras palabras, todo, absolutamente todo, y todas las palabras, no importa quien las diga, puede formar parte del poema.

Pablo Ramborger, artista plástico y poeta con instinto democrático, pertenece al campo de los que prefieren las puertas abiertas. Sus poemas muestran, a veces, lo sublime, a veces lo ridículo de nuestras conversaciones, nuestra vida social—arriesgan esa cuerda floja, y a menudo la tensan. Y lo mejor: ¡están llenos de sorpresas! Los he leído muchas veces y no dejan de asombrarme y alegrarme.

Creo que no es otra cosa que la alegría de salir a la calle, para adentrarse, con la válvula del disfrute bien abierta, en las conversaciones de los demás, oídas a fragmentos, las palabras de la tribu en plena vibración, aquello que la realidad tiene de involuntariamente bello. Esa belleza está en estos poemas.

Esa búsqueda, además, encaja a la perfección con el proyecto poético de la Biblioteca Popular Ambulante. Espero que la disfruten tanto como yo.

Decir el mundo

20 May
(Un intento de fracaso)

Hago libros porque he perdido la fe en el libro, el único, el libro total o absoluto, y en los libros, todos los libros, en su infinita proliferación. Digo que la he perdido porque sé, o creo recordar, que en algún momento tuve fe en los libros. Peco de purista: perdí la fe porque ningún libro termina de decir el mundo, algo que es imposible: por eso la fe.

Siento que habría que empezar de nuevo; otra imposibilidad. Y otra: hay que hacer libros, seguir haciéndolos, en busca del libro que diga el mundo.

Hago libros con basura. El objeto, el volante, el envoltorio, la lista de la compra, la carta rota en mil fragmentos, se comportan como jeroglíficos, como claves secretas en la dicción del mundo.

Las páginas de estos libros se pueden leer, a veces lo hago en voz alta, pero las palabras no llegan del todo a decir estos añicos y restos de la realidad, del mundo, que dispongo en mis libros.

La Biblioteca Popular Ambulante es un proyecto alegre y triste; triste pero alegre: una obra cuyo referente es nuestra insuficiencia, no ya para decir el mundo, sino para decir la ciudad. (Hay quienes alegan—y estoy con ellos aunque se equivoquen—que la ciudad ya es el mundo.)

La Biblioteca Popular Ambulante es una fuga, sin llegar demasiado lejos, del alfabeto. Si bien tampoco se trata de ponerse, a estas alturas, a aprender una escritura ideogramática. Los objetos y papeles en estos libros no son ideogramas. Y en realidad, tampoco jeroglíficos. Son lo que son: los objetos y papeles en sí, sin representación; yo sólo los dispongo de cierta manera, buscando un cierto orden. La idea permanece de que sean ellos los que digan, no yo.

POÉTICA (en 3 actos)

20 Oct

poeticaEste es un libro construido a base de desechos, como tantos de la BiPA, pero no con cosas encontradas en la calle, sino con palabras encontradas en internet. Para armarlo, le pedí a Google que me avisara cada vez que apareciera en su buscador una entrada con la palabra “poesía”, una entrada con la palabra “inconsciente” y una entrada con la frase “base de datos”. Siempre en español, claro. Los avisos eran diarios, y en el libro reuní un día de poesía, quince días de inconsciente y un mes de base de datos. Ocupan más o menos el mismo espacio. Otra cosa interesante es que las entradas de los avisos tienen todas el mismo número de caracteres, eso me gustó porque me remitía a la antigua versificación española, donde cada verso tiene el mismo número de sílabas, o hay combinaciones de distintos metros, pero en cualquier caso, lo que hay es una estabilidad o estandarización métrica por cuestiones de ritmo y de rigor en el uso del lenguaje: un algoritmo que exige 14 (4-4-3-3) versos de 11 sílabas con rima (abba/abba/cde/cde, por ejemplo). En el caso de Google, supongo que también se trata de dar la máxima cantidad de información en un espacio preestablecido, pero con la excepción de que, una vez creado el algoritmo, ya no hay intervención humana, y se entrega todo a una especie de azar maquínico surgido de la enorme cantidad de información y lenguaje producida en la red.

La cantidad de escritura que estamos produciendo supera a toda la del pasado casi a diario. Una de las tareas (no la única) del poeta del presente es tomar ese lenguaje y reorganizarlo poéticamente. Este libro trata de hacer eso, tomando muestras y sometiéndolas al experimento de juntarlas por medio de tres conceptos, el de la poesía, el del inconsciente y el de la base de datos. Porque son tres maneras de entender lo humano y la producción de lenguaje, ¿no?

Así como he dicho “entender” podría haber dicho “procesar”: ustedes pueden darle vueltas a la diferencia entre esos dos verbos, y de ahí surgirá la clave del sentido de este libro.

Cuando la gente se pasa por la BiPA y hojea los libros, siempre me gusta mostrarles éste y entrar en una conversación ligeramente conceptual. Porque la BiPA puede quedarse en lo meramente divertido, a veces hay que darle este tipo de giro a la conversación. Aunque la mayoría de las veces dejo que sea la otra persona quien marca el rumbo, y ahí me dedico más a escuchar que a hablar.

Se juega

15 Oct

nuevodocumento-34_1este problema
esta duda
este momento
ese día
aquella conversación
una lista
un plan
una deserción
una noche
aquel desvío
el recuerdo del plan
sin detalles
una mañana
olvidado
la luna todavía
el horizonte
otra idea
otra lista
una curva ciega
un silencio
otra tarde
una cara
mía, reflejada
un escaparate
un reconocimiento
claro
lo que ha cambiado
acumulándose
un callejón
hasta hacerse visible
mi rostro
uno más
otra idea
otro plan
un sol rojo
esta mañana
hoy

Imagen

Ya y en adelante

12 Oct