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Mención

2 Oct

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Un artículo en el que se menciona a la Biblioteca Popular Ambulante, que estuvo presente en la feria del libro de arte en Nueva York, de la mano de Rita Mourao Barbosa y su proyecto DesapÊ:

All Booked Up: Printed Matter’s NY Art Book Fair Teems with Zines, Scenes, and Sanctuary

 

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Arte contemporáneo/01

11 Sep

1. El arte contemporáneo es un medio, como la pintura, la escultura o la fotografía. Y es un metamedio que abroga otros medios, estableciendo a través del lenguaje su derecho a utilizar cualquier otro medio para producirse.

2. El arte contemporáneo no se hace: se produce. Es cuestión de prestigio social. Cualquiera puede hacer arte, no cualquiera puede producirlo. Hablar de producción lo instala en el territorio de la actividad económica. El arte contemporáneo cobra (nunca mejor dicho) sentido cuando se lo piensa en términos económicos. Como el dinero en los mercados financieros, el arte contemporáneo se autoproduce. Aunque algunos dirían que se autogenera.

3. Del sentido se puede decir que se produce, pero es mejor decir que se genera. Así, parece que es una producción social diseminada, natural, sin la agencia específica de individuos, grupos, organizaciones, empresas o estados. Un sentido generado es más fácil de naturalizar que un sentido producido. Que parezca natural le presta (nunca mejor dicho) autoridad.

Álbum

27 Jun

IMG-20180627-WA0001Por suerte, en la pintura ya no confundimos el tema, o el objeto de la pintura con la pintura en sí. A nadie le importa que Van Gogh haya pintado su habitación; lo que importa es cómo la pintó. Pero en la fotografía seguimos cometiendo ese error, confundiendo el contenido de la foto con la foto en sí. Incluso, necesitamos un pie que nos la explique. O si alguien nos está mostrando fotos de su álbum, o ahora, su teléfono, sentimos que nos tiene que contar qué es aquello, quién es esa gente, qué está pasando, y hasta el contexto, o sea lo exterior a la foto, lo que no entró en ella: “¡Cómo nos reímos esa tarde!”
Pero la fotografía puede ser algo más que su contenido, ¿no? A veces hago fotos y alguien me dice que no atina a ver qué es eso que fotografié. Tengo que explicar que no importa, que lo que importa es si la foto le dice algo así como está. Otra estrategia se dio en El libro de las fotos de personas encontradas en la calle, que como su título indica, son fotos encontradas en la calle y su contenido son personas; lo que ocurre aquí es que no sabemos nada de esas personas, prestamos atención al contenido pero éste, aunque tiene sentido, no significa nada. Y eso crea un vacío que apunta a una de las funciones principales del arte, a mi ver, que tiene que ver con la diferencia entre sentido y significado.
El sentido es un vector, tiene una dirección y una fuerza o velocidad; en otras palabras es móvil, va hacia algo, pero no ha llegado aún, y en cualquier momento ese algo puede cambiar. El significado es algo que se fija: aquel pie de foto del que hablábamos existe para fijar el significado de una foto, ralentizar su sentido e incluso frenarlo del todo.
Hace unos meses, me puse a hacer fotos en Instagram. Me atraía esa instantaneidad de publicación que tienen las redes sociales. Y me puse a hacer fotos de detalles, texturas, fragmentos de cosas, siempre utilizando el mismo filtro y el mismo contraste. Lo que ha ido quedando es una serie de fotos que tienen que ver más con la fotografía que con el contenido. No añado comentarios ni pies a esas fotos, simplemente las dejo estar como están y como son, tomando cada una su propia dirección y su propia velocidad.

IMG-20180627-WA0000Luego ocurrió algo totalmente inesperado. Los fotógrafos Lisa Giménez y Daniel Duhau me propusieron tomar 12 de esas fotos e imprimirlas en postales: 12 postales en una tirada de cien de cada imagen. Estarán expuestas hasta el 29 de junio en Walter, el espacio que ellos dirigen en Palermo.
Esta otra versión del proyecto me interesó porque implicaba automatismos parecidos al de una plataforma como Instragram. Yo no elegía qué fotos se imprimirían, ni el formato de las postales. La impresión sería totalmente industrial, utilizando métodos, formatos, escalas establecidos de antemano. Y es que la Biblioteca Popular Ambulante también funciona así. La forma de los libros y su producción ya están establecidas. El contenido no depende tanto de mí como del azar, de lo que vaya encontrando por la calle; lo que está preestablecido es esa confianza en el azar (y en que ninguno de ustedes sabe qué hacer con la basura o con el exceso de su consumo). Los libros de poesía que la BiPA edita también tienen los mismos formato, tipografía, manera de operar. Los poetas que publico aparecen también medio por azar. Esto no quita que luego haya muchas y largas conversaciones, o sesiones de edición. Lo que importa es el proceso en sí.
Y eso es lo que me interesa de la fotografía: no sólo el proceso de hacerla, sino el de mirarla. Y de la misma manera me interesa lo que ocurre en ese sentido con los libros, los de objetos encontrados en la calle, los conceptuales y los de poesía.

Para estas fotos elegidas y posproducidas por Walter, he hecho un álbum utilizando los métodos de la BiPA. Es otra manera de darles sentido sin preocuparme por el significado.

En Instagram me encuentran en @colomroger, si quieren ver más fotos de esta serie.

Un texto de Cabana

27 May
Ramiro Cabana envió este texto para la publicidad de la muestra que se puede ver ahora en Walter, casa de artistas.

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La Biblioteca Popular Ambulante es un gran proyecto de poesía conceptual. Esta idea de lo conceptual, aunque vaya precedida por poesía, entronca el proyecto con el arte contemporáneo, que aunque va saliendo del conceptualismo poco a poco, no tiene por ahora más opción que seguir dependiendo del concepto. En otras palabras, del lenguaje.

El arte, que se proyecta en objetos se construye a partir del lenguaje. La poesía, que se proyecta en lenguaje, se construye, en la Biblioteca Popular Ambulante, a partir de objetos.

Dichos objetos son por lo general recogidos en la calle. Son producidos por todos nosotros; son basura. Es posible que sea la basura lo que más producimos como economía, como sociedad, como cultura. La nuestra es una cultura residuocéntrica, y eso quedará reflejado en el arte y en la poesía de alguna manera.

La manera del poeta Roger Colom ha sido construir una institución (Biblioteca), de todos y para todos (Popular), surgida de sus largas caminatas por la ciudad y entregada al nomadismo geográfico y espiritual (Ambulante).

(Entiendo que está mal hablar de espíritu en los tiempos que corren. Se corre el peligro de parecer que todavía se cree en algo).

Ramiro Cabana

La BiPA en Walter

15 May

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La Biblioteca Popular Ambulante estará en Walter hasta el 29 de junio.

Toda representación es real

30 Abr

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Toda representación es real (Biblioteca Popular Ambulante, ejemplar único)

PRESENTACIÓN

En 2003, cuando Montserrat e Isabel tenían 8 y 6 años respectivamente, se me ocurrió jugar a Magritte. Mi hermana Mireia, madre de las niñas tenía en su gran cocina una gallina y un gallo de tamaño natural en cerámica que me parecían horribles. Tenía ganas de destruirlos. A menudo, la mejor manera de destruir algo es sin que se note. A veces, simplemente se trata de hacer ese algo visible de otra manera. Si es visible de otra manera, ya es otro, ¿no?, aunque no deje de ser lo que era al principio. En esa brecha entre cómo lo vemos y cómo lo veíamos comenzará a gestarse su desmoronamiento.

Íbamos en el auto, Mireia conduciendo; Carmen, mi mujer de entonces, de copiloto; los niños atrás: mis sobrinas, mi sobrino Juan Pablo, en más pequeño, y yo. Les dije a las niñas: ese gallo y esa gallina que están en su cocina son de verdad. Montserrat, la mayor, dijo enseguida que eso era imposible. Le respondí que no lo era porque yo los había tocado, y ella también. De repente, Isabel salta y grita, ¡Ah, ya lo entiendo! Y le explica a su hermana que las cerámicas son de verdad, reales físicas, como cerámicas hechas para parecer un gallo y una gallina, aunque no fueran un gallo y una gallina vivos, animales de hueso, carnes blanca y oscura y plumas. (Estoy parafraseando). Ahí el pequeño se puso de pie en el asiento y dijo que él también lo entendía.

El inconsciente de una institución

27 Nov

IMG_8230No hay por qué comparar a Tomás Saraceno y Liliana Maresca. Debería estar prohibido, por injusto, por irrelevante, pero no lo puedo evitar—es el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA) el que los ha puesto juntos, aunque claramente no revueltos. Sus muestras están en salas distintas, en pisos distintos. Uno va al MAMBA un domingo por la tarde, ve las dos muestras, alguna comparación tendrá que hacer, si es sólo por contigüidad temporal.

Esa comparación posible no es culpa del museo, ni de los artistas, y en realidad, tampoco del espectador. Pertenece al inconsciente de la institución. De ahí viene. De una serie de traumas originales de cualquier institución del arte moderno y contemporáneo: cómo aceptar las revoluciones artísticas del siglo XX, con sus héroes y villanos, sin por ello tener que seguir sus programas a rajatabla. Y peor, cómo ponerlas en el mismo edificio, al mismo tiempo, junto con obras que se adaptan perfectamente al modus operandi del arte burocrático actual.

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Algo no me cuadraba de la obra de Saraceno. La obra es perfecta, de una belleza extraordinaria; luego, comparándola, me di cuenta: la obra de Maresca proyecta vida, intensidad, la pasión y el desastre de vivir al máximo. Lo de Saraceno está muerto, es una obra bella pero fría, funeraria, es puro barroco del más frío, pasado por otra frialdad, la de una suerte de minimalismo muy del gusto del capitalismo actual. La obra de Maresca es moral; la de Saraceno es moralista. Una celebra la vida, la otra es un recordatorio de la muerte.

Las instituciones del arte, en todo el mundo, hace décadas que se dieron cuenta de que para sobrevivir (y no caer en la irrelevancia, como las del siglo XIX), tendrían que dar espacio al arte que iba en contra de ellas, a todo arte revolucionario. Había que domeñar este impulso revolucionario del arte. Y para ello se fueron creando toda clase de procesos burocráticos: el auge de los curadores. Si es usted un artista distinto y con ideas, no se preocupe, lo vamos a ahogar en papeleo hasta que se calme. Incluso vamos a crear un lenguaje específico—como es el deber de toda burocracia—que usted tendrá que aprender. Cuando hablamos de la “profesionalización del artista”, eso es lenguaje institucional para decir que el artista tiene que aprender el lenguaje de las instituciones.

Saraceno domina ese lenguaje. Maresca está lo más lejos posible de él, pero podemos mostrarla porque aplicaremos, ya que está muerta, nuestro propio lenguaje a su obra. Por suerte, esa obra se defiende sola y es visible a través del prisma burocrático.